transitar y soltar
El dolor que vivimos nos es imprescindible para avanzar
¿Cuánto rechazo nos produce el sufrimiento? Me preguntaba hace unos días, al reflexionar sobre esta luna nueva del 20 de noviembre, a eso de las 8 menos cuarto de la mañana, en el centro universal que es Mallorca. Hace unas semanas, en el último artículo que te compartí, reflexionaba sobre las imperiosas necesidades de la urgencia y las virtudes de saborear, de transitar el momento vital lentamente. De una forma más humana, natural.
Pero ahora, en este momento semilla, en el grado 28º de Escorpio, me pregunto si precisamente esa urgencia no tenga algo que ver con nuestros intentos de escaparnos, de hacer más breves, más llevaderos, los momentos vitales de sufrimiento. El sufrir nos ahoga, y sin duda las mieles son mas dulces cuando estamos ‘bien’.
Incluso sobre cómo la mucha carga que inconscientemente hemos ido asumiendo en nuestro abrazo a los nuevos tiempos, tempos y modernidades tecnológicas de la sociedad laboral y humana —con hijos, parejas, amigos— todo ello nos pueda llevar a un punto X de desgaste, donde un cambio de rumbo sea ya difícilmente practicable sin pasar antes por una larga temporada en el dique seco, antes de volver a arriar las velas y navegar. Ya dicen: no es la vida, es el capitalismo. El escapar del infortunio especulando con tal de no volver a aquel sufrimiento del que no puedo quitar la mirada.
Un nuevo ciclo de medio año
Cómo cuando al acercarnos al invierno los días se acortan. Llega el frio y debemos refugiarnos, en caldos y reposos, hibernando mientras añoramos la primavera. Pero todo ciclo vital tiene esas cuatro estaciones. Y ¿qué nos encontramos cuando transitamos esos momentos otoñales? (en el hemisferio norte, of course).
¿De qué huimos? ¿Por qué? y sobretodo ¿Tiene un propósito útil el momento, el tránsito vital, por el duelo, el apego o el sufrimiento? La transmutación y transformación del dolor en algo a lo que dar a luz. La travesía del desierto.
Es sin duda el momento de renovar nuestra gestión de lo que habita en nuestra profundidad emocional, aquello que hemos ido guardando ‘por si…’ en nuestra memoria sentimental.
Llegado el caso podría darme frutos. Especulo en el sentido de: lo guardo porque tal vez en el futuro me sirva de algo. Un agravio, un vacio, un dolor. Un no se qué hacer o cómo gestionar esta emoción, y a la buhardilla va. Un, este cachivache hoy ya no lo uso, ya no me lo pongo, pero igual un día sí. Zarrios (pingajos o harápos segun la RAE). Igual que las palabras que no usamos ya o los primitivos emoticonos ;-) nos resistimos abandonarlos. Todo sinónimo de una sencillez vital perdida.
Cualquier tiempo pasado fue mejor ¿seguro?
Se habla mucho del retorno a la admiración por la dictadura por parte de la juventud que nos cohabita. Y también ello puede tener una lectura en esta luna nueva precisamente hoy que se cumplen 50 años de la muerte de Franco. Es mas que evidente que no es que fuera mejor, sino que el desconocimiento y como gestionamos ese dolor, ese conflicto, se nos enquistó debajo de una alfombra democrática sobre la que pretendimos escenificar una concordia entre las partes.
Muy a lo que es la sombra de Libra. Una paz tácita basada en el poder de unos sobre otros -el antiequilibrio- y basada, de nuevo, en el desequilibrio. El no hablar de ello, el no querer aceptar mi dolor y tu dolor. Generando ahí la sombra que Escorpio deberá de gestionar o sufrir.
¿Echamos de menos el pasado, o quienes éramos en ese pasado? ¿el recuerdo tal vez de quienes éramos? ¿Porqué idealizamos el pasado? ¿es por el paso del tiempo, por el hacernos mayores y la caída de la ensoñación de un futuro mejor? ¿Por la mala gestión del desequilibrio y el respeto entre el tu y el yo?
Conversaba hace unas semanas con mi sagitariana amiga N. sobre cómo notaba que, con la edad, se nos agría en general la visión de la vida. Reflexionando sobre ello entendí que tal vez un factor sea que nos cuesta adaptarnos, soltar, y fluir con el cambio que los nuevos tiempos traen. Vivirlo desde el optimismo, la creencia de que Dios proveerá. De que ens en sortirem. Que sabremos cómo reinverntarnos.
Precisamente la astrología nos explica cómo en este año preparatorio a los grandes cambios que el 2026 nos depara -para muchos años venideros- la incertidumbre se ha instalado ya en el vivir y comprender la vida para muchas personas.
Es ya muy evidente el desmembramiento de las utopías sociales y descubrir el lado oscuro de nuestra dependencia personal y colectiva de las nuevas tecnologías con las que ahora ya parece imposible el vincularnos, gracias a la llegada de Plutón. También la próxima entrada ya definitiva de Neptuno en Aries, junto también con Saturno, que nos y la de Urano en Géminis.
Todo cambia y nosotros nos resistimos. Nos aferramos a lo conocido. Al mal menor, al mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer. Porque la incertidumbre nos asusta y para transitarla hay que meterle fe, optimismo y esperanza.
¿Podemos entender el momento complejo como el verdadero combustible que nos impulsa a ir mas allá? ¿Iríamos sin ello?
“La tercera ley de Newton” le suelta Cooper a la doctora Brand. Para avanzar debemos de dejar algo atrás.
Además
Esta luna nueva en Escorpio se da con varias particularidades remarcables.
Apenas unas horas después la luna cambía de signo y entra en Sagitario, donde el nuevo ciclo que iniciamos de 6 meses se ve empujado al optimismo, a la aventura movida mas por la creencia que por la lógica. ¿Una huida de la intensidad emocional de Escorpio? Seguramente más que necesaria.
Marte lleva semanas en ese signo empujándonos al hacer y ver a medida quese desarrollen los acontecimientos. Al caminante no hay camino, se hace camino al andar. Una llamada sin duda al ‘muévete y ya veremos dónde vamos luego’.
El regente de Sagitario, Júpiter, se encuentra exaltado en Cáncer retrogradando, revisando el pasado familiar, emocional. Nutricio. ¿Qué expansión de confianza, que entelequia de creencias, son las que han dado forma a nuestra forma de entender la vida y nuestras raíces familiares? Pudiera ser perfectamente en forma de herencias familiares, de heridas y soluciones que nuestra tribu nos ha inculcado para no recaer en los mismos sufrimientos.
A su vez, Mercurio está en conjunción a la luna nueva y viene también retrogradando, desde Sagitario. Tenemos entonces al planeta de la razón y lógica, de la premeditacion, y al de la creencia y fe que avanza sin estrategia _opuestos naturales_, ambos revisando sus pasos. Sus lógicas, conocimientos, creencias y dogmas.
¿Qué significa? Es una luna nueva en la que podemos soltar dándonos cuenta de que mucho de lo que creíamos, de cómo entendíamos la vida, ya ha caducado y es tan sólo lastre.
Ahora la luna transita Sagitario, en dos días el Sol también. Siempre pienso que las intensidades de Escorpio encuentran consuelo en Tauro y Sagitario. Mas presencia corporal, mas gozo del presente, pero también mas salir a la aventura, a soltar y confiar en la vida.
< este es la clave
esta es la clave
esta es la clave >
Necesitamos vivir el dolor, el duelo. Nos enseña un montón. Pone el dedo directamente en aquello a lo que nos abrazamos porque ¿quienes seriamos sin eso que nos dolió y nos definió? Pero necesitamos no quedarnos en ello, permanentemente instalados en la herida, en el victimismo o la culpabilización. Vivirlo pero no hacer de ello la columna vertebral de nuestra existencia. Esquivarlo, evitarlo e ignorarlo tan sólo hacen crecer al elefante en la habitación de la que nunca conseguimos escapar.
Verlo nos ayuda a conceptualizarlo y transformarlo.
Soltarlo nos empuja a un nuevo status quo.
Incierto sin duda, pero seguramente mejor que lo malo conocido.
Las ilustraciones que hoy complementan este artículo son de Rafael Sala Nowotny, al que puedes seguir en su instagram @enelmundoderafa



